
Pablo Ortiz / Grupo Líder
Además, asegura que se ha dado una estocada al modelo neoliberal, el cual durará dos años más; aunque admite que fue un error no haber liderado el pedido autonómico.
—¿Cómo evalúa el primer año de gestión del Gobierno?
—Es un año de grandes cambios estructurales del país, cuyos resultados hay que esperar más tiempo para que se visibilicen con más fuerza.
—¿Cuáles han sido esos cambios?
—En lo económico hemos cambiado la matriz productiva de Bolivia. En 2006 recibimos un país donde el Estado participaba o controlaba entre el 7 y 8 por ciento del Producto Interno Bruto (PIB). Hoy, el Estado está controlando un 18 ó 19 por ciento del PIB. Nuestro objetivo es que en 2007 el Estado controle el 25 por ciento. Hemos pasado de una economía que estaba en manos de sectores externos a una en la que el Estado se constituye en el principal sector empresarial.
—¿Eso es gracias a los hidrocarburos?
—Sí, básicamente en hidrocarburos. El segundo cambio es este proceso de “multiculturación” del Estado boliviano. Teníamos un Estado en el que sus instituciones y sus gobernantes eran monoculturales y monoétnicos. Hoy es un Estado multicultural, pero no sólo desde el punto de vista declarativo, sino práctico, metidos desde la presidencia hasta el chofer.
—¿Cuál sería el tercer cambio?
—Es lo que podría denominarse la constitución de un Estado social, que define políticas sobre la base de consultas, de deliberación; como lo llamaba Habermas, “la deliberación cívica de las sociedades”. Éste es el primer Gobierno que tiene la capacidad de ir construyendo en la informalidad una especie de consejos económicos sociales con los diferentes sectores organizados: empresariales, campesinos, indígenas. Esperemos que esto se institucionalice.
—¿Sería como el cuarto poder que se está discutiendo en la Constituyente?
—No me gusta la idea del cuarto poder. Que no se vea que va a ser sólo para sectores indígenas. Esto va para empresarios, exportadores, ganaderos, soyeros, campesinos, microempresarios. Entre los que se consulta y se delibera sobre demandas que se convierten en políticas de Estado.
—Algunos llaman a eso “socialismo del siglo XXI”, o democracia participativa.
—Tengo otra idea del socialismo, más decimonónica. Nos estamos manejando en el ámbito del Estado social, postneoliberal. El primer dato del que hablamos, del Estado controlador de riqueza, es ya la estocada al neoliberalismo.
—¿En cuánto tiempo Bolivia saldrá del neoliberalismo?
—Puedo pecar de aventurero, pero nos llevará unos dos años para acabar de desmontar los componentes secundarios y periféricos del neoliberalismo. También los ámbitos legales. Sólo el Estado puede unir a la sociedad, es el que asume la síntesis de la voluntad general y el que planifica el marco estratégico y el primer vagón de la locomotora. El segundo es la inversión privada boliviana; el tercero, la inversión extranjera; el cuarto, la microempresa; el quinto, la economía campesina, y el sexto, la economía indígena. Es el orden estratégico en el que tiene que estructurarse la economía.
—El ex ministro Salvador Ric pedía ser más audaz en la inversión pública en sectores que generen utilidades mayores al 20 por ciento. ¿Está contemplado el proyecto?
—Si revisa nuestro plan de desarrollo están calculados 8.000 millones de dólares de inversión en los próximos cuatro años. Nos falta descolonizar la economía, dejar de exportar materias primas, convertirnos en un país industrializado. Ahora tenemos el 17 por ciento de industrialización; queremos llegar al 40 por ciento para ser un país moderadamente industrializado en distintas áreas, no sólo de recursos naturales.
—¿Les fue mejor en lo económico que en lo político?
—Hemos tenido un buen desempeño económico y un regular desempeño político. Y no me vengan con la sonajera de algunos seudoanalistas del “piloto automático”, eso es una ilusión de café. No es piloto automático una excelente negociación para pasar de 2,5 dólares a 5 dólares el precio del gas a Argentina. Eso desencadenó en otros procesos como la firma de los contratos petroleros. Ahí hay una decisión muy concreta del Presidente. La conversión de la fórmula 18-82 a 82-18 por ciento es una decisión política.
—¿Y los errores políticos?
—Un error político nuestro —que hay que asumir con hidalguía— fue no haber encabezado la bandera de las autonomías. Si me pregunta cuál fue nuestra peor flaqueza política: no liderar el pedido de unas autonomías solidarias, en el marco de la unidad, del equilibrio, del conocimiento de las regiones y de los pueblos indígenas. Políticamente nos ha generado varias complicaciones.
Hubo una serie de señales que enrarecieron el debate. Una de ellas fue que algunos prefectos —y no quiero poner nombres— se atrincheraron en las prefecturas para bloquear al Gobierno. También hubo algunos discursos que confundían autonomía con independencia. Debimos haber seguido igual nosotros, pero se abrió un debate interno que nos llevó a una posición ambigua.
—¿Es tarde para liderarlas?
—No es tarde. Las autonomías se harán. El Presidente está trabajando un conjunto de medidas para seguir trabajándolas. Habrá tres niveles complementarios de régimen autonómico: el departamental, el municipal y el indígena-regional. Están los niveles departamentales y municipales. El indígena se puede mover en algunos casos en el nivel municipal y en otros por encima de él. Habrá autonomías en el marco de la gran casa nacional.
—¿Cuál es ese marco?
—La casa nacional tiene cinco pilares que nunca pueden ser discutidos: impuestos, Policía, recursos naturales renovables y no renovables, tierra y energéticos. Este Gobierno respetará los resultados del referéndum autonómico y va a encabezar una propuesta racional, flexible, integradora, y eso va a ir para adelante. Nuestra actitud ambigua generó conflictos y la historia nos ha cobrado cuentas. Lo admitimos.
—Usted era visto como el hombre de la conciliación en Santa Cruz. ¿Fue muy alto el costo de ese discurso?
—Generó sorpresas, en eso estoy de acuerdo. Lo hice porque era un tiempo, lo dijo el Presidente y los informes de inteligencia nos lo confirmaban así, estaba en marcha un proceso de conspiración. Lo podemos decir así, sin generar alarmas ni titulares.
—El Presidente los identificó, ¿se refiere a los prefectos opositores?
—Yo no quisiera mencionar ni a personas ni a instituciones. El informe de Inteligencia lo mencionaba con toda claridad y no era una sola persona ni un solo sector. Eran personas de distintas instituciones y distintos niveles que habían comenzado a pensar y a moverse de manera conspirativa. Fue en ese contexto y sólo en ese contexto que quise decir: “Señores, no jueguen con las armas, porque somos un Gobierno elegido por los votos y nos iremos por votos. Quien quiera jugar con algo que no sea votos tendrá su respuesta”.
—Desde ese momento crece la confrontación y lleva a pensar que el Gobierno quiere instaurar una cultura aymara o andina en todo el país.
—Eso es imposible. El país tiene 36 etnias. Los aymaras son el 25 por ciento, los quechuas el 30, los guaraníes el 4 y los mestizos somos el 32 por ciento. Somos un país de minorías. Además, ¿qué acción de Gobierno pasaría a convertir a lo indígena en el poder absoluto de este país?
—¿La Constituyente?
—Pero cuidado, el cuarto poder es sólo una forma de mencionar al famoso consejo económico y social que hay en cualquier Estado de derecho.
—Usted lo explica así, pero hay dirigentes que no lo entienden así.
—Pero fíjese cómo actuamos: apoyamos la agricultura cruceña en el tema de soya. Hemos abastecido de diésel con regularidad extraordinaria hasta que acabó la campaña. Pasa lo mismo con los tractores para los campesinos del valle. Éste es un Gobierno que trabaja en varios pisos sociales y a todos hay que apoyarlos. Se ha generado un miedo de que se quiere “aymarizar”, pero es el mismo miedo sobre que íbamos a quitar las casas y anular la actividad privada; no hombre, el que produce tiene todo el apoyo del país. Si usted produce la tierra es amo y señor y tiene a un Gobierno a sus pies; pero si no, tiene a un Gobierno que lo va a perseguir. Queremos un capitalismo productivo, no uno especulador. En Bolivia va a haber capitalismo, pero será uno de reglas claras, de producción, de inversión y de apego a su país.
—Todas esas declaraciones y temores llevaron a pensar que el Gobierno odia a Santa Cruz.
—No hay Gobierno más interesado en los últimos 20 años en potenciar la expansión de un desarrollo democrático en todo el oriente y los hechos nos van a juzgar en los siguientes meses. Algunos datos: en este país nunca hubo un proyecto amazónico y este Gobierno lo tiene. Construiremos la carretera amazónica. Todo eso es parte de la Cuenta del Milenio. El 90 por ciento de la cuenta es la carretera y el 10 por ciento será para microproyectos en Sucre, Potosí y Cochabamba.
En Santa Cruz necesitamos imaginar un nuevo gran proyecto, porque fíjese cómo están las cifras: exportamos el año pasado 1.600 millones de dólares en gas y 1.100 en minería. Para los siguientes años está pensado llegar a exportaciones de gas por 3.500 millones de dólares, y si vendemos otros 30 millones de metros cúbicos de gas, estaríamos hablando de fantasías de 5.000 ó 6.000 millones de dólares. Quien gobierne entre 2009 y 2013 va a tener económicamente otro país. Ahora la soya exporta 550 millones de dólares. Necesitamos repensar el desarrollo agrícola de Santa Cruz y ponerlo al nivel de la minoría. Nos toca a productores, a la Prefectura y al Gobierno central diseñar el nuevo gran proyecto del desarrollo cruceño.
—¿Se tendrá el diseño en 2007?
—Sí, diseñaremos y empezaremos a implementar un gran proyecto que lleve las exportaciones agrícolas al nivel de las exportaciones mineras. Tenemos que tener al menos cinco sectores exportadores que apuntalen al país.
| “No queremos aymarizar el estado” |
—¿Hubo negligencia en algunos ministerios?
—Yo no diría negligencia, sino dificultades en la ejecución de decisiones, que tiene que ver también con el aprendizaje de todos. En este Gobierno no hay gente que haya participado en la gestión estatal en niveles intermedios. Algunos aprendieron con mayor rapidez y otras con menos rapidez.
Algunas de las cosas que usted observa tienen que ver con la capacidad de interiorización de manejo de la cosa pública. La lógica estatal es muy singular y requiere pensar en clave general, requiere meterse en la cabeza el chip de la voluntad general y no es fácil. Es más, se critica a los gobiernos de Bolivia por ser patrimonialistas. Se imaginaba al Estado como la ampliación de mi hacienda y de mi familia. Nosotros no arrastrábamos esa lógica patrimonial del Estado, sino quizás, en algunos ministros, una lógica sectorial del Estado, y había que desprenderse de eso y algunos no lo consiguieron rápido. Vinculo esto con lo que usted decía antes de supuestas pretensiones de “aymarización”. Lo que esos señores no entendieron, y estoy muy entristecido de la pobreza del debate intelectual de aquí (La Paz) y de todas partes, es una reflexión sociológica. A qué estamos apostando: todo Estado es representación del interés general, hay un núcleo que articula el interés general; si lo logra se convierte en el sector dirigente.
—¿Dirigente o hegemónico?
—Dirigente. Usted puede ir a Gramsci y puede encontrar otras palabras, pero hemos entrado a un nivel de debate intelectual muy pobre y querer manejar conceptos más sólidos nos lleva a malas interpretaciones. Uno puede hacer una interpretación del Estado boliviano en etapas y siempre ha habido un sector capaz de incorporar a sus intereses los de todos y el que es capaz de que todos reconozcan en los intereses del sector su propio interés. Una de las posibilidades es que lo indígena se convierta en eje articulador del Estado. Al explicar esta delicadeza de los conceptos, caen las vulgaridades de que queremos “aymarizar” el Estado.
—¿Cambiaría algún Ministro?
—Ésa es una función del Presidente. Es posible que en algunos ministerios no haya habido una rápida incorporación del interés general y haya primado la mirada sectorial. Eso requiere ajustes. |
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