Algunos factores que causan la inflación: La continuidad de la política neoliberal mantiene anulado nuestro aparato productivo. Los más afectados son los trabajadores
Fuente: CEDLA
El incremento de precios en el país no es solamente un tema monetario, es básicamente un problema de incapacidad productiva para garantizar los productos básicos de la alimentación de la población.
Esto porque la economía está orientada a priorizar el mercado externo y no a reactivar el aparato productivo, principalmente en aquellos sectores que producen para el mercado interno.
Situación agravada por algunas acciones provenientes de sectores conservadores que utilizan la especulación como mecanismo de presión para mantener sus privilegios económicos y políticos, mismos que, supuestamente, serían modificados por la Asamblea Constituyente. Todo ello repercute sobre la generación de empleo y el bolsillo de los trabajadores, atentando contra sus condiciones mínimas de subsistencia.
Algunos factores que causan la inflación
La continuidad de la política neoliberal mantiene anulado nuestro aparato productivo. Los más afectados son los trabajadores
La Paz, agosto de 2007.- El incremento de precios en el país no es solamente un tema monetario, es básicamente un problema de incapacidad productiva para garantizar los productos básicos de la alimentación de la población.
Esto porque la economía está orientada a priorizar el mercado externo y no a reactivar el aparato productivo, principalmente en aquellos sectores que producen para el mercado interno. Situación agravada por algunas acciones provenientes de sectores conservadores que utilizan la especulación como mecanismo de presión para mantener sus privilegios económicos y políticos, mismos que, supuestamente, serían modificados por la Asamblea Constituyente. Todo ello repercute sobre la generación de empleo y el bolsillo de los trabajadores, atentando contra sus condiciones mínimas de subsistencia.
Si bien es cierto que existe una reducción en la producción por el fenómeno de El Niño, hay que señalar que la oferta nacional de alimentos durante el periodo neoliberal se ha tornado insuficiente, situación compensada con la importación desde países vecinos. Asimismo, la baja productividad de las labores agrícolas tradicionales, agravada por las políticas neoliberales de apertura externa irrestricta, desplaza a importantes segmentos campesinos de la producción de alimentos.
Actualmente, la construcción y la minería atraviesan un boom y están demandado mano de obra poco calificada, lo que provoca no sólo el abandono de las labores agrícolas y una posible disminución en la producción sino, también, el que estos mismos trabajadores, desde las ciudades y centros mineros, incrementen la demanda de dichos productos.
Los datos del Ministerio de Desarrollo Rural, Agropecuario y Medio Ambiente revelan una reducción en la producción de alimentos. En el caso del trigo, que si bien alcanzó una producción de más de 148 mil toneladas métricas el año 2006, se tuvo que importar casi 334 mil. La producción de maíz, que entre el 2004 y 2005 fue de más de 800 mil toneladas, para el 2006 la misma se redujo a 780 mil; mientras que el Gobierno tuvo que importar más de 2 mil toneladas de este producto.
En el caso del arroz, si el 2005 se producía aproximadamente 500 mil toneladas, para el 2006 ésta llegó apenas a 425 mil toneladas; en tanto que su consumo interno ya bordeaba las 634 mil toneladas.
No hay inversión para abastecer el mercado interno
Como es de conocimiento público, hace algunas semanas el Gobierno volvió a ratificar su decisión de que el Decreto Supremo 21060 continúe guiando los destinos de la economía, es decir, que sea la “mano invisible” del mercado mediante la libre oferta y demanda la que fije los precios de las mercancías (El Deber.12-07-2007).
En concordancia con ello, la “revolución agraria” es una continuación de la ley INRA, implementada por Gonzalo Sánchez de Lozada, en la que se privilegia a los terratenientes capitalistas con visión exportadora en desmedro de la economía campesina, por lo que la producción de alimentos queda relegada a un segundo plano.
Las inversiones de magnitudes considerables, nacionales y extranjeras, se destinan exclusivamente a actividades orientadas a la exportación de productos hidrocarburíferos, mineros, agrícolas (soya, café, cacao, castaña), manufactureros (textiles, joyería, cuero, madera), descuidando la producción destinada al mercado interno. Así, vemos que el crecimiento económico se da en sectores de alta rentabilidad en los cuales los precios internacionales están subiendo, como es el caso de algunas materias primas.
El beneficio, entonces, es para las empresas en desmedro del pueblo boliviano, lo que evidencia la profundización del patrón primario exportador de nuestra economía.
Según informes del INE, la Balanza Comercial para este primer semestre arroja un superávit en términos absolutos de 528 millones de dólares; siendo las principales exportaciones: hidrocarburos, minerales y soya.
Sin embargo, la tasa de crecimiento de las importaciones fue mayor a la de las exportaciones en un 8,9% y existe un déficit en el rubro de alimentos elaborados, por lo que tuvimos que importar un total de 73 millones de dólares en cereales, productos lácteos, azúcar, café, té, cacao y comestibles enlatados. En los últimos cinco años, la importación de alimentos se incrementó en 18,23%, pues si el año 2002 ésta era de 166,7 millones de dólares el 2006 llegó a 197,2.
Hay más dinero? Especulación mecanismo para mantener privilegios
El alza de precios solo es analizado por el lado de la demanda de mercancías –aspecto monetario en el que redundaron analistas, Gobierno y oposición─. Desde ese punto de vista, aparentemente, hay un exceso de liquidez en poder de los consumidores, debido a que subieron los precios de las materias primas en el mercado internacional lo que incrementó significativamente los ingresos por exportaciones del país.
Desde ese punto de vista se indica que hubo incremento de las remesas que envían los emigrantes, crecimiento en la economía de la coca, donaciones y un ahorro fiscal en prefecturas y municipios; todo ello provocó el aumento en las reservas internacionales del Banco Central de Bolivia (BCB) que se tradujo en un incremento sustancial de la base monetaria que, supuestamente, llegó a manos de la población en forma de dinero permitiéndole incrementar su demanda por mercancías, ocasionando la elevación de precios.
Sin embargo, es importante señalar que el BCB hace meses controla esta situación disminuyendo el crédito interno, apreciando el boliviano respecto al dólar, elevando el encaje legal y realizando Operaciones de Mercado Abierto (OMAs) a fin de “esterilizar” o retirar dinero de la economía. Impidiendo, parcialmente, que el dinero llegue a las personas y puedan presionar sobre los precios.
En medio de esta explicación, surge una serie de ataques especulativos que exacerbó el alza de precios y que alarmó a los consumidores.
El pretexto de estos rumores y actitudes especulativas son el fenómeno del niño, una inexistente abundancia de dinero en manos de la gente y, principalmente, la supuesta inseguridad jurídica que disminuye las inversiones en el agro.
Estas acciones responden a intereses de sectores conservadores que utilizan la especulación como mecanismo de presión para mantener sus privilegios económicos y políticos, mismos que, supuestamente, serían modificados por la Asamblea Constituyente, pero que el mismo Evo Morales desmintió, en su informe presidencial, al garantizar la estabilidad jurídica de las inversiones.
Baja el salario real
Los ingresos extraordinarios de los que tanto se habla no llegan a los bolivianos, ese dinero no se está convirtiendo en capital productivo, no hay tiene mecanismos para que llegue al pueblo por lo que no es cierto que la gente esté presionando sobre los precios debido a un exceso de liquidez.
Es más, la realidad demuestra que no se cumple la consigna neoliberal de que la inflación es provocada por el incremento de salarios -“principio” dogmático que el neoliberalismo utilizó los últimos 22 años para disminuir al mínimo los salarios de los trabajadores-, contrariamente, comprobamos que en realidad los aumentos en el salario nominal van arrastrados por la subida de los precios.
Recordemos que, el “incremento” del salario mínimo nacional del 5% para 2007 en el sector público en realidad fue una reposición a la pérdida del poder adquisitivo que sufrió el salario de los trabajadores por la inflación de 2006, que alcanzó el 4,95%. De esa manera, vemos que en realidad el salario real de los trabajadores ha disminuido en más del 6% en lo que va del año, puesto que la inflación acumulada de enero a julio es de 6,43%.
Es así que los bolsillos de los trabajadores son los que se vacían antes de que el mes concluya. Si se analiza el aspecto real, por el lado de la oferta, las mercancías cuyos precios han subido se concentran en productos de primera necesidad: pan, arroz, azúcar, aceites, carnes, cereales, verduras y legumbres. Y, como admite Johnny Suxo, director del INE, cuando suben los precios de las mercancías es difícil que puedan disminuir o retornar a su nivel inicial.
Menos pan para los pobres
Analicemos el impacto de la inflación a partir de la diferencia porcentual de gastos en consumo de alimentos en los hogares urbanos, comparemos los hogares más pobres con los más ricos de la población urbana (1er y 5to quintil). Los más pobres concentran el 41,8% de sus gastos en el consumo de alimentos, en tanto que los más ricos sólo destina a este rubro el 14%.
En este sentido una elevación de los precios de la canasta de alimentos, si bien afectará al conjunto de la población, tendrá mayor impacto en los hogares pobres dado que destinan una mayor parte de su gasto a la alimentación.
Es necesario destacar que los hogares más pobres están conformados por seis personas, en tanto que los mas ricos sólo tienen a tres miembros en cada hogar y poseen un nivel de ingresos cinco veces mayor.
El golpe es muy duro para los pobres porque el alza de precios se concentra en productos de primera necesidad: pan, cereales, legumbres y hortalizas. Entre los hogares pobres el consumo de estos productos significa el 21,34% del total de sus gastos; en el caso de los hogares ricos solamente es de 4,44%.
Veamos, por ejemplo el caso del pan en los hogares mas pobres: Considerando su asignación presupuestaria de 14.37% con un precio de 0.30 Bs/pan podrían consumir 350 panes al mes, es decir, 2 panes diarios para cada uno de los seis miembros del hogar; la subida del precio a 50 centavos implica para estos hogares compensar dicho incremento a través de la obtención de un ingreso adicional de Bs. 70, o reducir el consumo de cualquier otro producto de la canasta familiar en dicho monto, ó, finalmente, reducir su consumo de pan a una unidad por cada miembro del hogar.
De esta manera vemos, contrariamente, que ante la danza de cifras sobre un escenario económico “próspero” (incremento de ingresos por exportaciones de materias primas, remesas, superávit fiscal, crecimiento, alivio de la deuda) los hogares de los trabajadores deben enfrentar el desempleo, magros ingresos, condiciones laborales precarias y disminuciones del salario real que atentan contra sus condiciones mínimas de existencia.
Crisis de acumulación de capital, azúcar y granos para combustibles
Sabemos que el proceso inflacionario de la década de 1980 tuvo su detonante central en el elevado déficit fiscal que obligó a la emisión inorgánica de dinero y que, contrariamente, en la actualidad se tiene inflación con superávit fiscal, crecimiento y estabilidad.
Sin embargo, antes de mencionar algunos elementos internos a tomar en cuenta, hay que señalar que en ambos casos el origen radica crisis en la acumulación de capital en las economías desarrolladas, fundamentalmente en los EE.UU., que nos transfieren el costo de dichas crisis mediante mecanismos propios del sistema capitalista, en este caso mediante la inflación.
La crisis energética mundial está obligando a la búsqueda de sustitutos a los energéticos fósiles para poder garantizar niveles de acumulación expectables a las empresas transnacionales, razón por la que el azúcar, trigo, soya y otros granos de los cuales se obtiene azúcar se están destinando a la producción de biocombustibles que se demandan en países desarrollados. Lo que provocó que entre julio de 2005 y julio de 2007 el precio del trigo en el mercado internacional suba en 80%, de 122 a 220 dólares la tonelada (Tn).
Y la cotización internacional del trigo en la Bolsa de Chicago a diciembre 2007 está calculada en 228 $us/Tn, en tanto que a marzo 2008 subirá a 230 $us/Tn. (Alvarado, Julio. El Diario 14-07-2007).
Recordemos que el 2006 Bolivia importó aproximadamente 285 mil toneladas de trigo y harina a un costo de 53 millones de dólares, el precio promedio fue de 189 dólares la tonelada. (Alvarado, Julio. El Diario 14-07-2007) y que el precio del sorgo en el último año subió de 45 a 135 dólares la tonelada; en tanto que el maíz se elevaró de 90 a 150 dólares la tonelada, ambos insumos para la cría de pollos, (Martínez, Juan Pablo. El Deber 17-07-2007).
La “agroflación” –inflación de los productos agrícolas– es un fenómeno mundial y está acelerando la subida de los precios de los alimentos en Europa, China, India. En EE.UU. fue de 2,5% en 2006 y llegará a 4% este año. Como casi todo el maíz está destinado a la producción de etanol el precio del pollo subió en 30% en los últimos 12 meses, y la leche subirá en 14% este año.
En Europa, la mantequilla ya está un 40% más cara. En México, hubo movilizaciones populares contra el aumento del 60% en el precio de las tortillas de maíz, grano que ahora importan en grandes proporciones desde EE.UU. “gracias” al NAFTA. En Brasil, la población pagó tres veces más por los alimentos en el primer semestre de este año, que en el mismo periodo de 2006 (Bolpress 18-07-2007).
Bolivia también importa inflación
Desde el punto de vista de la producción real, preocupa la tendencia al incremento en el precio del pan debido a que el 85% del trigo que se consume en Bolivia es importado, y en el mercado internacional el precio de este producto está subiendo.
Como Bolivia no es una isla y la inflación es un fenómeno regional, el nivel de precios interno aumenta vía inflación importada hecho que reduce considerablemente el ingreso de los trabajadores. Es decir, como el incremento en los precios internacionales de los commoditys está beneficiando a toda la región las economías vecinas también presentan problemas de inflación y aprecian sus monedas respecto al dólar, pero como nuestro nivel de precios es menor al regional y nuestro tipo de cambio más alto, al importar mercancías importamos la inflación de esas economías, el caso de las leches en polvo, condensada, evaporada o del trigo, del tomate, y las conservas o enlatadas son un ejemplo.
Asimismo, es importante tener en cuenta que, producto de la política exportadora del sector hidrocarburífero, misma que va en desmedro del abastecimiento interno, continuará la escasez de gas natural y GLP en el mercado interno y, dado que existe una política de precios internacionales para el mercado interno en el marco de la Ley 3058 –que tiende a igualar los precios del mercado interno con los que rigen en el mercado internacional─ habrá presión para que suban los precios de los combustibles y, como estos son insumos esenciales para la producción y el trasporte, a fin de mantener las ganancias de los empresarios su encarecimiento relativo será transmitido mediante los costos de producción a los precios de las mercancías que consumimos. .
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