La sequía en valles cruceños espera solución definitiva
Claudia Cecilia Siles G. - EL Deber
La sequía que amenaza cada invierno a las comunidades que viven en los valles cruceños ha encontrado hasta ahora respuestas parciales. En algunos casos se apuesta a los atajados, en otros se diversifica la toma de agua de otros ríos, o se cuidan los nacientes, y casi todos depositan su esperanza en la construcción de represas, proyectos de alto costo con los que sueñan desde hace años.
En Vallegrande se ha conseguido ampliar la red de agua potable y garantizar abastecimiento durante todo el año tomando agua de otra cuenca. La responsable de Medio Ambiente de la Alcaldía vallegrandina, Maritza Calañi, aseguró que con este método han dejado atrás aquellos tiempos en los que el servicio estaba disponible sólo por horas.
No obstante, reconoce que en la provisión de agua para cultivos, todavía hay zonas críticas por atender. Esto ha dado lugar a utilizar los atajados, que permiten acumular el agua que llega en abundancia en épocas de lluvia y que se puede usar para regar los campos. Incluso, hay presupuesto para este tipo de trabajos en el programa operativo anual de algunas alcaldías de los valles.
En Comarapa, el déficit de agua que se siente a mediados de año es una preocupación generalizada.
El alcalde Noel Rojas, que también es presidente de la mancomunidad de municipios de los valles cruceños, indicó que el tema se comenzó a estudiar con énfasis y de manera integral después de 2005, cuando la sequía se sintió con fuerza en esos lados.
“La tierra se partió de seca. La gente cavaba metro y medio y hallaba un poco de agua, pero era prácticamente inservible, porque tenía olor fuerte y sabor salado. No podíamos usarla para tomar ni para cocinar”, manifestó Agustín Arimoza, un productor de Chañara, en la margen del río San Isidro.
Esa crisis obligó a los pobladores de la cuenca San Isidro a organizarse en un comité que trabaja con el objetivo de buscar salidas para que el agua no falte y para ayudar al suelo a recuperar sus propiedades. En la práctica, esto implica concienciar a las comunidades sobre la necesidad de cambiar las prácticas que repercuten en la escasez del líquido, una tarea morosa, pero que les permite soñar con un cambio de fondo.
Los comunitarios de los valles también apuestan a la construcción de más de una represa en la zona. Son trabajos que están en fase de estudio y para los que se busca financiamiento.
La Cooperativa de Servicios Públicos San Isidro, en el municipio Comarapa, ha empezado a buscar soluciones a una serie de problemas relacionados con la provisión del líquido. Las tuberías ya cumplieron su vida útil y necesitan ser repuestas, además pretenden desde este año cobrar por la cantidad de agua consumida con ayuda de medidores, detalló Fortunato Pereira, presidente de la institución. Entre sus retos está también la ampliación de la red, ya que cada mes hay decenas de solicitudes nuevas. Los 700 socios actuales reciben sólo agua filtrada, que toman directamente de las vertientes.
Algunas organizaciones han tratado de ayudar en la provisión de agua. Entre las montañas que rodean la zona se pueden ver señales de intentos antiguos y de los que están en curso actualmente, como el de la cuenca San Isidro que tiene financiamiento italiano. La Asociación Ecológica del Oriente es la encargada de aplicar un sistema integrado de agua potable. Esperan, en una primera fase, dotar de cuatro tanques de agua a cuatro comunidades.
Medidas
Con presupuesto operativo municipal se pretende comprar un terreno en las nacientes del Parque Amboró. Así se asegurarán que nadie tale, cultive ni se asiente en esa zona de bosques húmedos, fundamental para la provisión de agua.
Las técnicas de cultivo deben cambiar para no incentivar la erosión del suelo, ni contaminarlo con agroquímicos. El cultivo biointensivo, las barreras vivas y la eliminación de agroquímicos avanzan poco a poco en la zona de los valles cruceños.
Reforestar, principalmente las zonas en las márgenes de las cuencas es fundamental. Se requiere la participación activa de los comunitarios.
El reto es reforestar y no contaminar
Cuando zonas de bosques húmedos comienzan a sentir falta de agua, hay que hacer algo para revertir ese cuadro. Ése es el mensaje que ha comenzado a calar hondo en los valles cruceños.
Las alcaldías de la zona han comenzado a apoyar planes de reforestación y cuentan con apoyo de la Prefectura y de organizaciones para frenar la tala indiscriminada y la extensión agrícola.
El Centro de Investigación Agrícola del Trópico actúa con comunidades de la cuenca del río Comarapa, entrega plantas, pide la utilización del cultivo silvopastoril y la creación de barreras naturales, indicó Bruno Soliz, responsable de medioambiente. Por su lado, la Asociación Ecológica del Oriente apoya la reforestación en la cuenca del río San Isidro, trabaja para que no se usen agroquímicos y se apliquen técnicas de cultivo biointensivo, que no erosionan el suelo.
La vicepresidenta del comité de cuenca San Isidro, Etelvina Cabrera, manifestó que se ha logrado que el 30% del presupuesto operativo se destine a la compra de un terreno en la naciente, para proteger el bosque húmedo.
El director del Parque Amboró Jimmy Cuéllar dijo que su misión es mantener la zona libre de asentamientos.
La Prefectura coadyuvará en la provisión y calidad del agua que se consume en las 15 provincias. “Vamos a monitorear el tipo de aguas que se producen y los técnicos trabajarán para solucionar el problema en algún municipio que tenga producción excesiva de algún mineral o sustancia contaminante”, dijo el director del proyecto de aguas subterráneas, Raúl Barroso.
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