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Editorial - El Nacional de Tarija
Los últimos acuerdos políticos publicitados por el MAS , que incluyeron a su candidato y jefe nacional, Evo Morales, como protagonista, han generado descontento no sólo en las filas de la derecha vinculada al separatismo, sino, también, en las propias huestes oficialistas y en el electorado que aún no definió su voto.
Y es que los "acuerdos" son poderosamente ponzoñosos. Sacuden las fibras más íntimas de políticos que anidados en las filas del MAS condenaban el transfugio como práctica reñida con la ética. Ésta fue, precisamente, una de las causas del fracaso electoral del otrora rival de Evo, Jorge Quiroga Ramírez.
Por el lado del oficialismo, parece una verdadera miopía política el pensar que esas alianzas con personalidades que en el caso tarijeño, militaron firmemente al lado del separatismo y las políticas económicas y energéticas neoliberales y protransnacionales (Pacific LNG), le sumen ahora votos de la clase media o de sectores urbanos. El efecto parece ser exactamente lo contrario.
Poco expresivos pero extendidos, varios sectores leales del masismo (campesinos y gremiales, fundamentalmente, así como grupos de profesionales que se sumaron anteriormente) han hecho conocer en baja voz su profundo descontento al ver a su "Jefe" acompañado a su diestra por quien hasta hace poco amenazó con enjuiciarlo por no tener una "política hidrocarburífera", atacando de esta forma el programa estrella del oficialismo, como es la nacionalización de los hidrocarburos.
El nuevo aliado es nada menos que el férreo impulsor de la exportación de gas por Chile y hacia Chile y al mercado norteamericano, así como el defensor del "precio solidario" con el que se vendió gas a Argentina el año 2004. La pregunta es ahora ¿quién cambió? ¿Evo o su nuevo aliado?
Son sumas que parecen restar y, a tal extremo, que tuvo que hacerse en un acto al que se impidió el acceso a la prensa tarijeña y, peor aún, se restringió hasta la participación de los propios dirigentes y militancia de base del MAS, en un exclusivo hotel de la capital sureña.
Una primorosa cena elitista.
En Santa Cruz las cosas no andan mejor para el MAS y sus pactos con jóvenes ex unionistas. El pragmatismo del dirigente Isaac Ávalos ha generado justificadas reacciones en otros niveles dirigenciales de base, cuya concepción de la práctica política tiene un ingrediente de ética más profundo.
Elena Argirakis, la mismísma representante del gobierno nacional en Santa Cruz, ha sido la encargada de exteriorizar el profundo descontento de los sectores políticos que jugaron lealmente al lado del MAS en ese departamento. Argirakis y varios otros cruceños fueron objeto de amenazas y de la llamada “muerte civil” cuando el enfrentamiento con las huestes violentas del brazo "armado" de las logias cruceñas se tornó intolerable al punto de que el Primer Mandatario no podía ni viajar a territorio cruceño. Las "alianzas" por las que Avalos y el propio Evo sacan pecho, han bajado la moral en la base militante y también - y fundamentalmente - en el electorado no militante que veía en el MAS un instrumento no contaminado con el transfugio político.
El descontento y hasta la desmovilización de valiosos activistas del MAS a pocas semanas del día de las elecciones puede ser catastrófico para el oficialismo.
Argirakis ha apuntado más a fondo y adelanta que la "derecha dura" está en franco proceso de reorganización, liberada ahora del lastre cuasi delincuencial de su otrora grupo de choque. Se lo endosó al MAS, cual caballo de troya. Otros críticos de los repulsivos pactos afirman que los operadores de la inserción de la Disposición Transitoria Octava en la nueva Constitución Política del Estado, con la que se garantizó por al menos 30 años más el control de la minería y el sector hidrocarburífero por parte de las transnacionales, han formalizado su decisiva influencia en el MAS para terminar de liquidar lo poco que queda de la voluntad nacionalizadora expresada el 1 de mayo de 2006.
¿Qué dice esa Disposición "transitoria" de la que ningún candidato, ni oficalista ni opositor, habla hoy?: "En el plazo de un año desde la elección del Órgano Ejecutivo y del Órgano Legislativo, las concesiones sobre recursos naturales (mineros, hidrocarburíferos, forestales, agua, aire, suelo, subsuelo, biodiversidad- Art. 348 de la nueva CPE), electricidad, telecomunicaciones y servicios básicos deberán adecuarse al nuevo ordenamiento jurídico.
La migración de las concesiones a un nuevo régimen jurídico en ningún caso supondrá desconocimiento de derechos adquiridos". Éstos son, ni más ni menos, los que adquirieron durante la "privatización" y la "capitalización", entre 1989 y 1997. Los derechos del neoliberalismo puro.
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